sábado, 26 de marzo de 2011

Sortu y la necesidad de la izquierda vasca




Con la decisión del Tribunal Supremo de no permitir la participación de Sortu en las próximas elecciones, los jueces siguen ejecutando las órdenes políticas y policiales que aseguran que la formación es una “continuación de ETA”.

Y es que están quedando con el culo al aire. Decían los telediarios hasta la saciedad que para conseguir un rinconcito en los altares de la democracia era imprescincible que la izquierda vasca rechazara la violencia. Rechazarla de verdad, no de puntillas, eh. Sin embargo, dicen que en la televisión “todo es mentira” y esta vez no podía ser excepción. No era cierto que con rechazar la violencia era suficiente. Ni siquiera rechazar en concreto la violencia de ETA.

Es más, ya cuando el Poder vio que la izquierda abertzale estaba siquiera gestando una fuerza de acción que contemplaba el rechazo a la violencia de ETA, entonces la respuesta del Estado español a la paz fue el encarcelamiento de Otegi. Frente a la paz de los pequeños, la violencia de los grandes y el sometimiento. El Estado sabía, sabe, que si la izquierda abertzale encabeza un movimiento político exclusivamente pacífico va a lograr muchísimas adhesiones. Demasiadas.
Demuestran los vascos con el ejemplo que participar o no en las elecciones no marca la frontera entre el arrepentimiento o el compromiso con el cambio social. Lo que marca esa frontera es la voluntad real que nos mueve. En el caso vasco, el PNV habla de independencia y derechos sociales pero su voluntad real es la autonomía y los derechos burgueses. Por su parte, la voluntad real de la izquierda vasca es la independencia y los derechos sociales. Y el Estado es consciente de ello, por eso no puede permitir su hegemonía en un movimiento de masas unitario y pacífico.

La izquierda abertzale, incluida ETA, llevaba tiempo diciendo que el problema no era la violencia sino los proyectos políticos que estaban sobre la mesa. Por eso ahora cuando la izquierda abertzale mueve una ficha para desconectar y anular el debate sobre “demócratas vs. violentos”, el Estado español queda con el culo al aire y responde con violencia. Responde con las detenciones de decenas de activistas, las torturas cuyos testimonios salen a la luz estos días, los encarcelamientos y la permanencia de las ilegalizaciones. Quieren quebrar la ilusión, provocar un estallido popular y recuperar el escenario “demócratas vs. violentos” que habían logrado controlar a su favor. El Estado habla claramente: queremos violencia, por favor.

El panorama es evidente y podrían incluirlo en la Ley Partidos para que se entendiera correctamente. No basta con rechazar la violencia de ETA; es necesario abandonar la voluntad real del cambio social. Es necesario arrepentirse, indefinirse. Está prohibido ser a la zurda más que diestro y seguir soñando travesuras.

Pero será que la necedad parió con la izquierda abertzale, la necedad de vivir sin tener precio.

LA HAINE, Javier Ortega

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