martes, 26 de octubre de 2010

Resulta que la vida se amontona




Resulta que la vida se amontona en una mesa llena de papeles y hay quien asegura que los hombres ya están tan pacificados, que no hay motivo ni siquiera para preocuparse por incipientes conatos de rebeldía.

Capitalistas en medio de una batalla que nadie ve y en medio de una guerra que truena pero que nadie escucha como para oírla. El trabajo dejará de ser rentable y la poesía se volverá de cara y nos escupirá a los ojos como si fiera un burro, ella o nosotros. Para ser y en tanto somos no daremos un sí que glorifique a nadie. Para ser y en tanto somos comeremos como saciados y consumiremos menos y trabajaremos más para que los patronos del monopoly se repantinguen satisfechos en sus alharacosas hamacas, gordos felices de los cuentos de hadas y de la isla de nevermore. Panero me dijo una vez cuando atravesábamos con el cuhillo de un coche ochentero los valles cortados que separan las provincias de Bizkaia y Gipuzkoa, "Vaya mierda de pais, con dos ejércitos de liberación, la Eta y la Guardia Civil", y el otro día Otegui se explayó en el que ya no es el periódico independiente de la mañana y dijo que hablaba desde la cárcel y asumió la derrota y una negociación sobre la derrota y asumió un nuevo paso hacia un nuevo escenario que ya no es escenario porque nadie sabe donde están los caballos y donde moran las sombras y donde pastan los políticos y donde se esconden los insultos y donde se bebe la sangre y el pacharán. Ahora sí que no lo sabe nadie. Información codificada esa o desconocida. Es la derrota que patrimonializará una nueva configuración política. Derrota estratégica.

Queda decir poco y mucho pero aunque no tengamos ganas de seguir palante, palante, gritaremos nada de proletarios del mundo uníos, ¡qué va!, ahora lo que nos pone y se precia uno de decir es ¡cantamañanas del mundo, seguid siendo borregos!


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