martes, 26 de octubre de 2010

Los muertos bajo la tierra



¡Voluntarios,
por la vida, por los buenos, matad
a la muerte, matad a los malos!
¡Hacedlo por la libertad de todos,
del explotado, del explotador,
por la paz indolora -la sospecho
cuando duermo al pie de mi frente
y más cuando circulo dando voces-
y hacedlo, voy diciendo,
por el analfabeto a quien escribo,
por el genio descalzo y su cordero,
por los camaradas caídos,
sus cenizas abrazadas al cadáver de un camino!
César Vallejo

Es muy posible que (mi padre) esté en un
punto de la nacional 120 entre Astorga y León
Ángel Pérez


No puedo saber si esa es realmente la palabra. Puede que haya que elegir otra. Dimitir, por ejemplo. Dimisionarios de la realidad igual a ciudadanos españoles de hoy en día.

Este fin de semana se han celebrado unas jornadas en el Campus Universitario de Ponferrada, con motivo del décimo aniversario del inicio de exhumaciones de represaliados de la guerra civil española. Todo empezó cuando Emilio Silva, actual presidente de la ARMH consiguió exhumar a su abuelo de una fosa en un pueblo de León y descubrió que había mucha más gente en ese pueblo que deseaba dar descanso y recuerdo digno a sus familiares.

Cinco años depués de este origen, en el 2006, el Gobierno de España, se plantea abrir el pasado con la promulgación de la llamada Ley de la Memoria Historica. Llueven todo tipo de críticas. Incluso, cuando se hace efectivo el anuncio de la redacción de la ley, de la preparación de este nuevo ordenamiento juridico, los periódicos españoles se llenan de esquelas de uno y de otro bando con recuerdo memorial de los caídos por dios y por España y los rojos miserables de segunda categoria asesinados por bien de la España eterna y universal.

Ya lo dijo en su momento Labordeta, a razón de las expresiones que recibían unos y otros, El honroso caballero español mutilado, si era alguien que luchó al lado de Franco y perdió una pierna o quedó renco de otra, y a sus sesenta o setenta años iba con muletas o en silla de ruedas y por otro lado, el cojo rojo, si la persona designada había peleado al lado de los defensores de la ley, de los defensores de la democracia republicana, democracia, sí, por mucho que les cueste aceptar esto a las miopías revisionistas que tanto abundan.

En un libro de conversaciones con Juan Luis Cebrían, Felipe González recuerda una charla con el general Gutiérrez Mellado, acerca de la necesidad y de la eficacia de abrir en los ochenta el debate sobre el pasado negro y luctuoso de la historia de España y de la represión franquista. Te pido que lo hagas cuando todos hayamos muerto ya, parece ser que dijo el señor Mellado.

Se refería a todos los generales y ancianos que lucharon en el bando vencedor, en el bando represor y legitimador del golpe de Estado, de la dictadura y del cambio transicionero sin ruptura, con esa cosa llamada ruptura pactada, cuya consecuencia es nuestra democracia blanda y miserable con anteojeras de hoy, eso es en lo que estamos ahora. Podía haberle dicho el general a Felipe González, que al fin y al cabo es lo que le dijo, Hazlo cuando se mueran todos, los unos y los otros, cuando ya nadie recuerde nada.

En cualquier país medianamente informado, crítico, con una opinión pública activa y contestataria, aval del cuarto poder que cada vez es más el primer poder, en un pais distinto, las revelaciones que nos llegan de la realidad de un mapa a la sombra de nuestras huellas, bajo nuestros pies, un mapa oculto de fantasmas, lleno de fosas comunes en la España todavía de hoy, deberían provocar ya no solo un cisma político sino abrir una grieta tectónica en la frente de la ciudadanía del Estado español.

1850 fosas por abrir quedan en las tierras de Región, en las tierras de España. Aproximadamente unos cien mil cadáveres por exhumar y recuperar para la historia, para un presente de verdad, para conseguir la verdad justa de esta historia interminable, para que Ángel Pérez y muchos como él, y muchos como yo, no sigan diciendo, y no sigamos diciendo, con absoluta legitimidad: La sociedad española no puede tener una verdadera democracia hasta que no se saquen todos los muertos de las cunetas.


Y añado más, una vez que esté resarcida esa memoria, habrá que juzgar para tener una verdadera democracia a los culpables por sus actos cometidos. Y cuando decimos esto último, o se dice, o se lee y se escribe, siempre hay alguno que cierra la tapa de sus sesos abiertos por el escozor de tamaña herida con un pronunciamiento del tipo, Ya lo hizo la Ley de Amnistia de 1977, Sí, modélico español, le respondo. Sí, señor, que mal informado está usted. La ley de Amnistía de 1977 hizo algo maravilloso. Los continuadores del régimen franquista por vías "democráticas" y pactistas con la oposición tuvieron una ocurrencia de primer orden. Esto fue lo que pensaron antes de la promulgación de esa ley amnésica, le respondo al modélico español. Hablaré como ellos pensaron en su día:

Lo haremos mucho mejor. La única manera de cerrar del todo el pasado para que nadie pueda abrirlo ni pedir responsabilidades va a ser con una ley, una ley que priorice amnistia para todos los que han luchado en estos últimos quince años contra el régimen. De esta manera, otorgándoles el perdón y la amnistía a estos rebeldes, y rojos terroristas y también a los separatistas, ellos a cambio, nos perdonan a nosotros, los que fuimos los asesinos del 36 y así, como por arte de magia, nuestros asesinatos quedarán impunes, porque así lo establecemos como fundamental en esa Ley de la Amnistia de 1977. De esa forma, la única legitimidad que queda avalada es la del golpe de julio de 1936. No hay otra.

Y así ha sido el cuento. Y así no nos lo han contado, desgraciadamente. Pero ya va siendo hora de contarlo bien.

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