En Agosto de 1966, Roz y yo viajamos al Japón en respuesta a una invitación del grupo pacifista japonés al objeto de establecer un contacto con gente procedente de diferentes partes del mundo decidada a rememorar el lanzamiento de la bomba y luchar por la eliminación de las armas nucleares. Nos reunimos en Hiroshima, totalmente reconstruida salvo algunas ruinas dejadas ex profeso como testimonio de lo ocurrido.
Un día fuimos invitados a la "Casa de la Amistad", una especie de centro comunitario destinado a los supervivientes de la bomba. Esperábamos pronunciar unas palabras de saludo a las personas allí congregadas pero, cuando me correspondió hablar a mí, comencé a decir unas palabras antes de mirar a los hombres y mujeres sentados en el suelo, todos con los rostros vueltos hacia mí, unos sin piernas, otros sin brazos, algunos con las cuencas de los ojos vacías o con quemaduras horribles en los rostros y en los cuerpos, y de pronto me vi actuando como un bombardero y sentí que me ahogaba. No pude continuar.
"Nadie es neutral en un tren en marcha", Howard Zinn, Hiru Argitaletxea.
Un día fuimos invitados a la "Casa de la Amistad", una especie de centro comunitario destinado a los supervivientes de la bomba. Esperábamos pronunciar unas palabras de saludo a las personas allí congregadas pero, cuando me correspondió hablar a mí, comencé a decir unas palabras antes de mirar a los hombres y mujeres sentados en el suelo, todos con los rostros vueltos hacia mí, unos sin piernas, otros sin brazos, algunos con las cuencas de los ojos vacías o con quemaduras horribles en los rostros y en los cuerpos, y de pronto me vi actuando como un bombardero y sentí que me ahogaba. No pude continuar.
"Nadie es neutral en un tren en marcha", Howard Zinn, Hiru Argitaletxea.
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