martes, 6 de abril de 2010

Revisionismo



En breve se abren de nuevo las heridas nunca cerradas de la guerra civil. Un viejo comunista de ochenta y algunos años llamado Santiago Carrillo publica un libro sobre sus compañeros, los viejos camaradas de filas militantes en la guerra. Y como no podía ser de otra manera, el neoconservadurismo español de tintes franquistas saca el libro negro sobre Carrillo donde ahondan en el tema de Paracuellos y en la supuesta implicación de Carrillo en crímenes contra militantes comunistas pasados los años de la guerra.

A nadie le asusta hablar del PCE y de sus implicaciones en las purgas del POUM. Eso está más que claro. Lo de Paracuellos no lo está tanto. Los que atacan a Carrillo por lo de Paracuellos son los mismos a los que les importan tres narices que se haya descubierto una de las fosas con mayor número de asesinados en Málaga desde la guerra, nuestra guerra, hasta nuestros días. Tampoco les importan los que llenan las cunetas ni siquiera los que por miedo todavía dudan entre hablar y decir y señalar donde están aquellos hombres que mataron delante de sus narices cuando los testigos que hoy callan eran unos niños. La raiz de los odios se ha calmado, que no acabado. Si la historia no se limpia y se ajusta la justicia conforme a derecho y la verdad acaba por prevalecer, los días de salvapatrias y vendepatrias pueden volver a joder el pastel democrático que nos hemos impuesto.

La derechona como decía mi querido Juan Antonio Porto, antiguo profesor de guión, tiene una consanguinidad con el poder tan asombrosa que deslegitima cualquier ejercicio del poder por parte de otras opciones. La derecha se está viendo hoy con la trama Gurtel, roba con impunidad y a sabiendas, con un desparpajo tal que saben en el fondo que nadie les va a meter mano nunca. La derecha religiosa, o sea, la iglesia carca de este pais, la que nunca pidió perdón ni por lo que hizo en la guerra civil ni por persignar a los jóvenes argentinos cuando los tiraban desde los aviones en plena dictadura, la iglesia vaticana, que mira para otro lado cuando un hijo de perra mete mano a un chiquillo, la iglesia del concordato antidemocrático que impera este pais, hoy por hoy se cree con derecho a intervenir en política y a seguir enseñando valores y dogmas y educando a un pueblo que en el fondo desprecia. Levantarse en este pais por la mañana con la conciencia de vivir en un estado limpio, sin judicaturas franquistoides y con una democracia sana, cuesta cada día más. Pero levantarse es lo que queda. Levantarse contra esta cuadrilla de malnacidos que han robado, han asesinado como les ha dado la gana y que si no se les para desde el Estado de Derecho, si es que existe, nos meterán en otra guerra. A la segunda, venceremos, que no queden dudas sobre eso.

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