jueves, 4 de marzo de 2010

Territorio Literario

Cada vez nos quedan menos territorios libres. En la sopa global de naciones y capitales uniformes con calle principal y dos burger king en cada esquina, las comarcas dejadas al amparo de la libertad escasean.

Entre esas comarcas una de ellas es la que hoy por hoy gestiona la literatura. Se trata de un espacio donde la lengua propia actúa como una lengua extranjera, es decir, donde la lengua escrita en el idioma conocido por todos, sea cual sea, actúa como un idioma foráneo para todos aquellos que creen conocer su idioma materno. Un texto literario abre su comarca de libertad cuando al entrar en él penetramos por primera vez en un espacio que no ha pisado nadie, ni siquiera el propio escritor. El lector es como si dijéramos el niño que amanece en la calle tras una intensa nevada nocturna y cada huella que aplasta el nevazo del texto abre al caminante la inmensa felicidad de pisar un terreno desconocido, inaudito, excepcional, verosímil, real.

En estos tiempos la literatura se ha llenado de mercaderes, seudovanguardistas y amantes del género cegador. Vamos a hablar de los últimos. Es curioso que de alguna forma esté ocurriendo lo que ocurrió en los años 30 del siglo pasado. Tras el crack del 29, surgieron en literatura y en la seudoliteratura cinematográfica una serie de géneros literarios que aplacaban el miedo a la realidad y lo sublimaban. A veces incluso magnificaban el miedo. Los King Kong, monstruos de todo tipo, superhéroes, vampiros o presencias inquietantes malignas llenaron el territorio libre del hecho literario. Eso se está repitiendo hoy otra vez. Es más, se ha creado incluso una escuela de lectores en el semillero de los harry potter y otras noveletas adolescentes para preparar al lector adulto y cerrarle el paso a una verdadera literatura libre. Los adultos todavía no letrados también han tenido su semillero, Dan Brown es su mentor.

Unido a este fenómeno hemos presenciado un desarrollo nuevo de esta cuestión, la proliferación de novelas históricas. Este género es un reducto de los agoreros del final de la Historia. Antes y después de la hecatombe que principia este siglo, antes y después de los atentados del 11 S de Nueva York, el hecho de sabernos en un mundo donde la historia ya no peleaba contra la realidad, ni la realidad pelearía nunca más con la Historia, permitió que en la literatura entraran los gestores del inventario histórico. La justificación del final de la historia a manos de una economía de mercado exitosa con su paladçín monetario al frente, exigía de textos argumentativos, de panfletos literarios que veneraran este momento mediante la ordenación compositiva y narrativa de otras épocas históricas.

Se empezó con la Edad Media, con alguna leyenda artúrica descafeinada para seguir con los cátaros y los templarios. El concepto de cruzada iba dentro de esos artefactos literarios, bien oculto para que al comer no doliese. Luego se siguió con otras épocas, una de las cuales se encuentra hoy en su mayor expansión, Me refiero a la segunda guerra mundial. De la segunda guerra mundial salió un vencedor moral e ideológico que gestionó la hegemonía actual y que hoy por hoy está en trance de perderla, Estados Unidos. El desembarco de Normandía, el plan Marshall, Yalta y las bombas de Hiroshima y Nagasaki fueron los momentos de anagnórisis de este nuevo poder hegemónico.

En narrativa, la anagnórisis, según la Poética de Aristóteles, es el instante fino por el que un personaje pasa de la ignorancia al conocimiento de la situación en la que está metido. Estados Unidos se dio cuenta, tuvo su momento de anagnórisis cuando descubrió que tras Hiroshima era la potencia hegemónica que debía gobernar y gestionar el patrimonio llamado Tierra. Hoy por hoy, frente a un futuro con China, Brasil, Latinoamérica y otras potencias emergentes, el imperio yanqui descubre mediante otra anagnórisis, esta vez global y mediática, todos lo vimos en directo, los atentados del 11 S, que su hegemonía peligra. Como buen personaje actúa conforme a su caracterización y trata de no perder pie, no quiere perder su sitio de privilegio. Y se ayuda consciente o inconscientemente de otros elementos. Uno de ellos es la literatura y el género caballo de troya del que estamos hablando. Me refiero al género histórico centrado en la segunda guerra mundial que trata de reivindicar en el fondo lo que ya nos han eneñado una y otra vez, que Estados Unidos ganó la segunda guerra mundial, y sacó del infierno al mundo, que el sueño americano sigue vivo y que cualquier desviación de ese eje solo genera destrucción.

Como ese mensaje ha sido repetido hasta la saciedad pero no ha calado del todo o quizá pudo dejar de calar a partir del 11 S ,hay que apuntalarlo con otras estrategias, una de las cuales pasa por la confección de relatos históricos que evidencian ese triunfo hegemónico. La literatura histórica basada en la segunda guerra mundial parte de esa premisa. Las novelas de espías hicieron lo propio para allanar el triunfo americano en la guerra fría y hoy los relatos a lo Casablanca sin Bogart luchando por la República en España persiguen el mantenimiento a toda costa de ese orden geopolítico viejo.

Y ahí, la literatura no tiene la culpa. Ella es una madre amantísima que se deja violar, querer y ocupar por quienes emborronen equis cuartillas. Pero, aunque les pese y aunque nos pese a todos, lo que sí que hace la literatura es dejar hueco todavía a todos aquellos y aquellas que demuestran que la realidad es hoy por hoy otra cosa porque lo que sí que hace la literatura es juzgar con una única vara de medir, la vara de la verosimilitud. Y hoy por hoy es inverosímil cualquier relato que revivifique de nuevo a los gringos como garantes del orden mundial y de la libertad, justicia y nohambre para todos. El mundo ha cambiado. El mundo está cambiando. La literatura sigue siendo la nave donde hay sentinas y camarotes para que unos locos diagnostiquen la realidad sin etiquetas de géneros con mensajes ocultos inverosímiles.

La literatura, mal que nos pese, sigue siendo el territorio libre y verosimil dentro de esta Galia global donde trabajan relato a relato los escritores y escritoras que tienen como druidas a Asterix, Obelix, El Quijote y un señor llamado Sampsa, Gregor para más señas.

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