miércoles, 3 de marzo de 2010

Parece que todo vale para una nueva y última y quizá definitiva ofensiva

Definitivamente hay que arropar al capitalismo y al fascismo que son los hermanos incuestionables en esta historia, la misma historia que la Historia nos ha enseñado. Hace poco un columnista de La Razón pedía un nuevo cirujano de hierro para España.
Todos sabemos a qué se refiere ese asunto. Las medidas impopulares que quieren implantar los gobiernos occidentales para "reactivar la economía", y sobre todo para permitir que los beneficios astronómicos de los que tienen la sartén por el mango sigan siendo los mismos que hasta hoy han sido, tienen dentro de sí mismas el conocido y peligroso quintacolumnismo de una opción totalitaria que acabará, vía guerra o vía represión de todo tipo, debilitando las estructuras frágiles de nuestra democracia tal y como la hemos aprendido en este poquito tiempo.
Grecia se pelea duro con sus representantes para que no implanten los recortes sociales que Europa demanda. España ya aprendió el camino y consiguió mediante el spich de Salgado frente a los "artistas" del Financial Times que le creyeran, sedujo a estos señores. "Seducir", bella palabra. Les convenció de que España iba a hacer los deberes: subida de la edad de jubilación, del tiempo de cotización y recorte bárbaro de los gastos sociales. Es decir, los de abajo vamos a ser los que paguemos los costes de esta crisis.
Tras el impasse de dos años, desde el 2008 hasta el 2009, en el que el capitalismo ha oteado el horizonte para comprobar que la izquierda no se mueve ni un pelo y que cada movimiento de respuesta por parte de la izquierda se aplasta sin el concurso de la policía, ni de la represión, ha llegado el momento de empezar a instigar con políticas totalitarias. Se abre el camino hacia el fascismo. Pero esta vez no será mediante una guerra como la primera, por ejemplo, está vez la tecnología está de su mano y mediante la naturalización de ese poder omnímodo, la nueva hidra invisible acabará por taparnos la garganta y agarrarnos del ombligo a todos. Cuando el camino esté allanado, un nuevo estado dictatorial surgirá devastando las alamedas. El hijo pródigo del capitalismo, el fascismo, amenaza con volver.

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