viernes, 19 de febrero de 2010

Unas palabras sobre Bergamín, una reseña

Dicen de Bergamín que fue un andaluz nacido en Madrid, y muerto en el País Vasco, en Hondarribia está enterrado. Pensador inclasificable y resbaladizo. Pocos o muy pocos se encuentran cómodamente con él en todos sus registros. Lo más común es que se alabe su obra, su poesía, sus ensayos, su pléyade de aforismos y al rato se cargue contra su ideario político, contra sus no comprendidos compromisos. En el año 1937 presidió el II Congreso de Intelectuales Antifascistas celebrado en la ciudad de Valencia, en plena guerra civil española, donde entre otros muchos estaban Ehrenburg y Malraux, autores de los que siempre hay que recomendar, "España, república de trabajadores", y "La esperanza".
En ese congreso no estaba desgraciadamente Isaak Babel, Stalin ya le había detenido por no escribir, grosera afrenta contra un pobre inútil como Josif. Pero sí que estaba Lino Novás Calvo, el escritor cubano-español que en esos momentos ejercía como corresponsal para una revista cubana y cubría el conflicto de la guerra civil española. Este humilde, irregular y fantástico escritor tuvo que soportar una acusación contra él de un tipo infecto que decía que Lino era un agitador de la reacción, un parafascista más o menos. Alberti acudió en su ayuda, también Bergamín, y en el Palacio Spínola, donde por la noche se disfrazaban de duendes y otras cosas, Cernuda, Maria Teresa León y el propio Alberti, de vez en cuando asaltados por las llegadas improvisadas del mago gurú de La Isla Negra llamado Neruda, resolvieron la afrenta hecha contra Lino Novás Calvo.
Bergamín se implicó hasta el tuétano en la guerra civil, defendió al legalidad republicana con uñas y dientes para al final tener que exiliarse- Eso ocurrió en mayo del 39, en un viaje financiado por el presidente mexicano Lázaro Cárdenas. Acompañados de sus familias en ese viaje a bordo del barco "Veendam" iban Paulino Massip, el propio Bergamín, Emilio Prados, José Herrera-Petere, Antonio Sacristán, Josep Renau, y Ricardo Vinós entre otros muchos. En México Bergamín creo con ayuda del gobierno mexicano la editorial SENECA que reunió a muchos intelectuales republicanos en su catálogo. Tras su travesía particular en el desierto del exilio volvió a España en los años setenta y después de vivir en Madrid, se decidió a trasladarse al País Vasco, a la periferia vasca, a la España en negativo y todavía revolucionaria, porque la España que tenía dentro no se correspondía en nada con la España que veían sus ojos de viejo cansado y luchador republicano. Murió sin la España por la que luchó, fuera de ella, aunque muriera en ella. En Agosto de 1983.

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