jueves, 11 de febrero de 2010

Los niños que crecieron saludando a un asesino

En torno a este asunto, el de la memoria histórica, tras unos tiempos de confrontaciones y discusiones e incluso aguerrido debate sobre la necesidad de plantear algo cuyo planteamiento no debería generar duda alguna, volvieron la calma y el olvido y según la retórica neofranquista, volvió el estado de cosas a su condición natural. ¿Para qué recordar?

El Tribunal Supremo ha abierto una causa contra el juez Garzón por prevaricación en el proceso abierto para encausar al franquismo. Algunos juristas dicen que Garzón es un mal instructor y que la causa abierta contra el franquismo estaba llena de errores, con un auto plagado de susceptibilidades y de formas nada jurídicas y en base a muy poca legalidad. Uno de los caballos de batalla de este asunto siempre fue la ley de amnistia de 1977 que según el ordenamiento jurífico español hoy por hoy impide procesar a muchos de los implicados en la represión franquista, y ya no sólo por eso, sino sobre todo porque están muertos. Tenemos la sensación de que se nos ha ido para siempre la oportunidad de colocar al franquismo en su sitio, de contar las cosas como fueron y sobre todo de reparar los daños que aquella dictadura cometió. Se nos mueren los abuelos que recuerdan. No sabemos ya ni siquiera donde está Lorca. Hay del orden de 30.000 desaparecidos, enterrados en cunetas y en fincas y lugares inencontrables que quedaron grabados en la geografía de unos ojos infantiles que hoy por hoy son ancianos. La guerra, nuestro estruendo fundacional, nuestro techo político ya no levanta ampollas, afortunadamente, pero en la actualidad tampoco genera duelo colectivo, ni tan siquiera individual. El dolor de muchas víctimas y represaliados vuelve a silenciarse y lo que es peor, lo que es infinitamente más escandaloso y doloroso, es que es ese dolor vuelve a ser vergüenza, vuelve a ser mancha, esto es lo más terrible.

Para entender lo que esto supone no hay más que llegarse a Primo Levi, el escritor italiano superviviente de un campo de concentración nazi. No recuerdo en qué libro, puede ser el de Los Hundisos y los Salvados, Primo Levi recuerda las palabras de un oficial alemán cuando les dio la "bienvenida " al Lager. Ese oficial les dijo que nadie, ninguno de los que estaban allí saldría con vida de aquel internamiento. Eso para empezar. Y por si eso fuera poco, les cerró la segunda posibilidad,...y si alguno sale y cuenta lo que ha ocurrido aquí y lo que le ha pasado, nadie en su sano juicio creerá esa relato porque va a ser increíble.

Lo que les ocurrió a muchas víctimas con padres y abuelos fusilados y desaparecidos fue tan terrible y tan increíble que ahora pocos les creen y lo que es peor casi todos quieren pasar página que es como no creer en los relatos de un pasado doloroso. Una de las características de las víctimas de conflictos tan terribles como la guerra y la posguerra española es el hecho de asumirse culpables al final. Desvian sin quererlo la culpabilidad desde los asesinos hacia las víctimas, hacia ellos mismos. Eso forma parte de ese movimiento interior de vergüenza. Esa es la última flecha, el aguijón en palabras de Canetti que clavaron los asesinos en sus víctimas y en la prole que las seguirá recordando. Hoy, los que quedan, ya mayores, caminan por nuestras calles y ni siquiera recuerdan porque ya no quieren, porque han asumido conscientemente el olvido que no la reparación, porque la oportunidad de restablecer su dignidad rota quedó al otro lado de una esquina por la que nunca volverán a pasar.

Creo que la literatura y la historia tienen la obligación de seguir peleando por descubrir todo lo que pasó y nos han dicho que no pasó. Tienen que seguir descerrojando ese dilema que emplean muchos para acallar conciencias. Sí, paso, pero pasó hace mucho tiempo y no hay por qué recordarlo. Y además no puede ser una obligación colectiva porque está visto que este estado, el Reino de España, no quiere hacer eso, no se atreve a hacerlo. Será porque el franquismo nunca murió. Mutó en otra cosa. Fue una mutación al estilo de los guisantes pero mucho mñas sangrante que esa. Seguramente. Los pancistas, como decía mi abuelo, siguen vivos. Pero eso es lo de menos. Las víctimas de los pancistas siguen avergonzadas. Solo se elimina la vergüenza cuando se aclaran los hechos y la memoria llega limpia a los ojos.

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