miércoles, 10 de febrero de 2010

De nuevo la crisis: reflexiones

Meterle mano a esta crisis para solventarla o detenerla va a ser costoso, dífícil, muy complejo. Se sabe más o menos bien como empezó. Se sabe que hay varias burbujas que explotaron, las más importantes, a saber, la financiera y la inmobiliaria. Se empieza a saber hoy por hoy que la salida de la crisis será en L. Bajada y estancamiento ad infinitum, sin horizonte, el mismo horizonte que una meseta en la que nunca se pone ni sale el sol. Niño Becerra, el economista de la Ramón Llull que publicó el año pasado, en mayo creo, el libro "El Crash de 2010" expone en el mismoq que estamos en precrisis y que la crisis comienza en junio de este año. Naomi Klein en el libro "La doctrina del shock" plantea que el capitalismo decadente y en destrucción en el que vivimos se alimenta de catástrofes y miedos creados, shocks en toda regla para implantar nmedidas impopulares y recortar derechos de los desfavorecidos, de los trabajadores de los que nunca deciden qué trozo de la tarta comer porque no hay tarta para ellos. El shock es el que permite que se incluyan correcciones injustas en el sistema para que el propio sistema siga vivo en base a trasfusiones de sangre cada vez más blanca, casi transparente.
Hay un horizonte cada vez más real. Las nuevas urbanizaciones construidas al hilo de la hecatombe del ladrillo y del amor al cemento tenían un precio de compra que generó una deuda equivalente y en muchos casos ampliada por el "maravilloso" y "fantástico" trabajo de las tasadoras independientes de este país. Entrecomillen lo de independientes. Familias hipotecadas y esclavizadas a una deuda para treinta o cuarenta años. Nuevos esclavos del siglo XX. Es verdad. Pero las reglas de la esclavitud cambiaron. Ahora los pisos han bajado de precio, y si no lo han hecho todavía van a tener que hacerlo en breve. Sí. No valen lo que la deuda impresa en ellos marcó. Hay que pagar en equis años, lo que ahora no valen ni valdrán nunca. Hay que pagar aire, hay que pagar especulación y hay que pagar por nada. Pero hay que seguir pagando. Pagar por nada, pagar por algo que hoy no vale lo que está escrito, "escrituras", lo que quedó escrito en la marca de las cadenas , arrastrar las cadenas de esa pena incomprensible es servidumbre y estamos condenados a ella. Por eso mismo nadie quiere que bajen los precios de las casas. Esa es la batalla que se está librando. Ni lo quieren los bancos, ni los "propietarios", ni lo quieren las promotoras ni las constructoras. Construímos el globo de la crisis hace tiempo y ahora no hay narices a pincharlo. Esto es un delirio. La realidad por un lado y el deseo por otro. Precio real a un lado y precio irreal y por pagar a otro.

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