lunes, 15 de febrero de 2010

Cosas de la memoria histórica

Es tarde. Sigue lloviendo. Ana, comenta cosas sobre el tema de Baltasar Garzón. "La gente se está moviendo", "es indignante lo que está pasando", "tenemos que hacer algo".

El otro día, mientras sacaba al perro, a Toro, el perro cubano que mejor calaba los emplazamientos de cámara en la EICTV, me encuentro con un vecino al que cada vez que veo y sale el tema me habla de un tío suyo que se llamaba Ramón Valiente, que fue asesinado en Córdoba por los nacionales y malenterrado por ahí. Siempre me saca ese asunto por si le puedo orientar, por si le puedo decir algo, por si yo sé darle una pista para poder saber algo de aquel familiar. Le he remitido a la web TodosLosNombres, pero yo mismo hace poco busqué allí a ese desaparecido sin obtener nada, ni una pista siquiera.

Se me ocurre imaginar una cosa, una cosa idiota. Observo como la lluvia empapa los coches, las palmeras que tapan la visión de una parte del stock de casas sin vender que por aquí es mucho, y pienso que vivo en un país, éste país, en el que Hitler murió en la cama pero tuvo hijos, por ejemplo. Este país, no Alemania, que es otro tipo de país, ¿donde vamos a parar? Imagino que los hijos de Hitler tienen un pazo en Galicia, y sus herederos tienen distintas propiedades, muchas, rentas elevadas, producto de los años de sacrificio para con el país de su padre Adolf. Y pienso también que tras la muerte de Adolf, la oposición democrática que el propio Adolf masacró, la oposición que quedó y que pudo sobrevivir a duras penas a los años de plomo y barbarie que perpetró Adolf, se puso de acuerdo con los herederos de ese Adolf para que no les metieran mano a los lugartenientes de ese Adolf que asesinaron a tanta gente que ya casi nadie se acuerda y los que se acuerdan no lo hacen porque tienen tanto miedo que el recuerdo es olvido obligado.

Y entre todos, porque los represaliados que por fin tenían voz, tenían a mucha de su gente en la cárcel, a quienes metieron en la cárcel los lugartenientes de Adolf, llegaron a un acuerdo y promulgaron una aministía, algo que fue protolegal, es decir, preconstitucional, porque una cosa es del 77 y la otra del 78, pero según la épica que nos han contado, ese posibilitó el acuerdo constitucional y sentó las bases legales para el olvido y para la no memoria, para santificar, perdonar, mirar al futuro y nunca mirar atrás. Para olvidarnos de una vez de los 30.000 de las cunetas.

Muchos años depués, un tipo que muchos dicen que es arrogante, mal juez, "pésimo instructor", tras joderle la jubilación a un pobre viejito llamado Pinochet que ya no se acordaba ni a cuentos jóvenes asesinó, torturó y destrozó la vida, se le ocurre acabar con la impunidad de aquellos lugartenientes de Adolf y abre una causa para investigar sus responsabilidades en los asesinatos cometidos hace mucho tiempo y depurar aquellos hechos y culpabilizar y enjuiciar a quien hubiera que hacerlo, es decir, a los lugartenientes de Adolf y al propio Adolf. Sigue quizá, tesis jurídicas que nacieron de algo llamado proceso de Nuremberg que nuestro juez vio en alguna película. Por eso pienssa y cree que a los amigos de Adolf hay que juzgarlos, que aunque muchos estén muertos, pues bien, también se les puede juzgar en efigie como si dijéramos, en su ausencia, juzgar su memoria, vamos.
Y en ese momento, el Tribunal Supremo del nuevo país sin Adolf va y dice que no, que ese juez prevarica, que comete un delito porque juzga a sabiendas de que está dictando una resolución injusta contra los juzgados, y eso ¿Por qué?, pues porque hubo una ley que ya les amnistió a todos los lugartenientes de Adolf. Por eso juzgarles hoy es prevaricar, algo que el juez ingenuo debía conocer, y como de hecho conoce, pues eso, que el juez debe ser juzgado por abrir la caja de un sueño, sin haberse dado cuenta de que acaba de abrir la única caja que no se puede abrir en España, la que deslegitima a los garantes de la tranquilidad manifiesta de las tumbas reconocibles y sagradas de los asesinos.

Y eso, hoy por hoy, y a estas horas de la noche, frente a un par de huevos fritos con salchichas y un poco de lechuga no es que sea triste, es decepcionante, y en estos momentos recuerdo las palabras de mi vecino, sí, ese que sigue incansable buscando algo, una pista namás de su tío, cuando me dijo hace poco antes de despedirse "...estos no saben que cerrando tan mal las cosas, vendrá otra generación con las mismas ideas que aquellos que malenterraron y que así no se acaba la historia, ni mucho menos, porque todo esto es un ciclo, ¿no te parece?" Y aunque no os lo parezca, me lo dice sin odio ni rencor, me lo dice con una naturalidad tan clara y tan limpia como la de la lluvia que sigue cayendo esta noche.

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