miércoles, 17 de febrero de 2010

Blasfema, pene mío

Cuentan que contaba Buñuel que cuando asistió al estreno de Un perro andaluz, el propio cineasta aragonés se llenó los bolsillones de su chaqueta de piedras y se colocó en la última fila. Estaba dispuesto a repeler en toda regla el ataque que preveía del público burgués que visionaba por primera vez su película. Parece ser que no ocurrió nada de lo que Luis Buñuel había previsto. Las piedras no salieron de sus manos apretadas contra los bolsillos. No hubo brechas. No hubo sangre. Este grandísimo director a partir de ese momento hizo su cine sin cortapisas y sin tener en cuenta al hipotético auditorio escandalizable. Eso que ganamos todos. Pero para muchos, Viridiana, Simón del desierto, o incluso Belle de Jour, fantástica película, por cierto, eran películas blasfemas. ¿Y qué cosa es una blasfemia?

Antes de seguir escribiendo recojo la definición que da la RAE: Palabra injuriosa contra Dios, la virgen o los santos. Dios no existe, dirán algunos. Nietzsche lo corrobora. Nietzsche certificó su muerte hace muchos años, digo yo. Las sociedades que todavía siguen escandalizándose por determinadas afrentas contra sus santos, o santas a los que creen divinos, intocables, son sociedades primitivas y un tanto irrisorias. Estos días en Granada han prohibido una exposición en la que se reinterpretaba la historia de Jesús de Nazaret. Jesús se hace homosexual tras follar con Maria Magdalena y descubrir que le tiran los tíos. Es hijo de una puta llamada María que hace la calle en una autopista y de un dealer que se llama José. ¿Hay alguien que hoy por hoy se escandalice por esto?, desgraciadamente sí.

En Vitoria, hace años, estoy hablando de comienzos de los ochenta, los grupos de jóvenes punk, de esa época que lo mismo escuchaban a Leño que a Eskorbuto o a Alaska, hicieron procesiones blasfemas en semana santa. Aparecían por la calle, por los lugares por donde también procesionaban los semanasanteros verdaderos, con el rigor y la seriedad de ese tiempo de religiosidad y devoción e incluían imágenes de cartón, pendones y carteles como cabecera de las procesiones en las que se veía a la maría magdalena haciéndole una felación a Cristo y cosas de ese estilo. A aquellos sí que les tiraron piedras. Al fotógrafo de Granada al que le han cerrado la exposición le han amenazado de muerte por haber interpretado la Biblia a su manera. Estemos o no estemos de acuerdo, ese tipo hace ejercicio de su libertad de expresión y de creación, dentro de un Estado de Derecho en el que la legalidad tiene una fundamentación laica y no teológica. Los que le amenazaron se podrían mirar al espejo y reírse un poco de sí mismos, algo que no ha hecho en su vida. Infelices.
En el fondo, todo esto no es que tenga relación con la blasfemia y con el hecho de que algunos, los católicos puritanos sobre todo se sientan ofendidos. En su pretensión de evangelizar al mundo, siempre les molesta que haya mundos que no estén regidos por sus dogmas. Todo esto tiene que ver en mucho con la negación sexual del hombre que fomenta de manera ruinosa la iglesia católica. Esa negación ha generado otras "irregularidades", otras aberraciones, como el hecho probado y cada vez más lacerante de que la multitud de sacerdotes aprovechando su hábito y sometidos a la disciplina del nopene, nocoño, nosex, se hayan zumbado sin pedir permiso ni consentimiento a decenas de chavales en Irlanda, en Alemania y aquí también.

Miguel Adrián, uno de los dos bisabuelos de mi hijo Mauro, nos contaba hace tiempo como a comienzos de los años treinta, cuando él era un chaval, en su pueblo, en Burgos, un cura se llevaba a las mozas a un apartado en el campo y les enseñaba el dedo de Dios para que chuparan de él.

El ser humano es sexual. Desexualizarlo, como hace la iglesia, trae consecuencias nefastas, pederastias, aberraciones y niños que de adultos tendrán la vida destrozada. Por mucha encíclica y catecismo que diseñe Ratzinger, el daño está tan hecho que ni con una recua de perdones y una somanta de hostias arreglamos este asunto.
Al cura aquel de Burgos lo quisieron linchar. Tuvo que salir del pueblo por patas.

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2 comentarios:

  1. Muy bien el artículo pero no fue en el estreno de La edad de oro sino en la de su primera película Un perro andaluz.
    Saludos
    cbcvirtual.com

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  2. gracias por la corrección. Lo incorporo. Muy amable.

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