jueves, 28 de enero de 2010

Enero se acaba

Llegan los días finales de este mes y amanezco con una alegría bajo el blog diario en y por el que muchos despertamos con una crítica literaria. Me refiero al blog de estado crítico donde hoy Manolo Haro hace una crítica del libro APACHERIAS DEL SALVAJE OESTE, del genial Javier Lucini. Desde aquí recomiendo su lectura, (www.criticoestado.blogspot.com).
Por el ecosistema bibliodiverso u homobibliófilo andaluz los ánimos están un poco caldeados. Hace una semana la administración pública decidió cerrar el grifo de las ayudas a editoriales, de las compras públicas de libros que la administración andaluza hace a las editoriales vía concurso público y los editores están que arden, sobre todo los que han montado su negocio al hilo de estas ayudas. Y se abre de nuevo un debate tan viejo como la historia. ¿La cultura debe subvencionarse?
En el sistema actual en el que moramos y fallecemos porque este sistema no permite otra cosa, donde la creación apenas surge y menos la creación literaria, en este capitalismo de barbarie, Haití ya se olvidó del todo, se olvidaron los niños que todavía gritan cada vez más en susurros bajo una viga de una tonelada de cemento armado, en este circo con payasos poco simpáticos, en este mundo occidental para blanquitos con conciencia lavada, la cultura tal y como la entendemos los hijos de los libros en papel, debería poder contar con una ayuda estatal. Sí. Debería poder ayudarse a la cultura con dificultades, la cultura que se hace de hoy para el mañana y que no siempre cuenta con los beneplácitos del público. Lo que es una tropelía es esta ayuda nefasta que se ha hecho durante tanto tiempo a la cultura folclórica y barragana, a la cultura del entretenimiento localista que no leen ni siquiera los locales y mucho menos en las bibliotecas públicas. Ese subvencionismo puede morir y de hecho está muriendo. Por ahí no hay ningún miedo. Por donde sí que hay miedo es por el hecho ya consabido de que existen y desgraciadamente existirán entes e instancias que coman pasillos públicos a la busca y captura de subvenciones aculturales, o sea subvenciones que priman cultura que es de todo menos cultura. Esperemos que eso se acabe algún día. Y si no se acaba, pues vino para nadie y agua para todos. Que la buena cultura ya saldrá de los terremotos como pueda.

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