miércoles, 18 de noviembre de 2009

Thomas Bernhard. La dura ternura. Tras los veinte últimos años sin Thomas Bernhard, la editorial Anagrama, una de las casas editoras de este país que tiene en su catálogo obras de este escritor austriaco, reedita en una nueva colección, Otra vuelta de tuerca, todas las obras en un solo volumen que componen la autobiografía oficial de Thomas Bernahrd.

Miguel Sáenz es su traductor al español, como siempre. Bernhard apareció en el mundo literario español a finales de los setenta y comienzos de los ochenta de la mano de Alfaguara y de la mano de Javier Marías y la tertulia que dirigía o dinamizaba Julio Salinas en una de las oficinas de la editorial madrileña. Un autor duro que hipnotizaba a todo aquel que metía sus zarpas dentro de las fauces del mismo. Austriaco, como Hanecke, el cineasta de La Pianista o de Fanny Games, y como Jelinek. Los creadores austriacos, no es casualidad, cuando tocan la tecla de la creación tocan la tecla también del espanto y del “terrorismo creativo”. Bernard tiene una prosa desasosegante y de martillo hidráulico. Sus frases recorridas una y otra vez por repeticiones incansables, que se despojan de si mismas para convertirse en otra cosa y dotar a lo mismo de nuevas percepciones, se alargan como meandros en una selva que llena una voz total y unívoca, hecha desde la sencillez y la simpleza de una voz humilde y seca, áspera, pero llena de ternura. Acceder a Bernard es una experiencia taumatúrgica, zombie, una experiencia que dinamita los sentidos lectores y los deja en suspenso hipnotizados, a través de los que se cuela muy de a poco la voz de un maestro que se inocula en el cerebro como una aguja, como una aguja metida en el cerebro, en un cerebro en el que entra una aguja hasta el fondo mismo del cerebro.

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