martes, 9 de junio de 2009

ENTRE PÁJAROS INMORTALES.Pero no había escuchado su voz, suave y un poco grave sin llegar a ser rotunda.

Ayer por la noche estuve viendo un programa de televisión chileno en el que entrevistaban a Roberto Bolaño. El programa se puede visionar en youtube. De Bolaño hasta la fecha he leído Llamadas telefónicas y Estrella distante. Este último es una joya. Es un autor que ha derivado en un escritor absolutamente de culto, una especie de chamán de la narrativa en español de los últimos tiempos, el primer gran clásico del siglo XXI, en palabras creo que de Vila-Matas, compañero de catálogo con Herralde.
Pero nunca le había escuchado. Había visto su rostro constreñido siempre por un flequillo de humo que surge de un cigarro sempiterno y encendido, en medio de una cocina con las vísceras en la encimera, como me gustan a mi las cocinas. Platos y utensilios, cucharones y espumaderas colgados en medio de los azulejos y una bandeja con motivos londinenses detrás de la cabezota alborotada y de pelos rizados de Bolaño. Pero no había escuchado su voz, suave y un poco grave sin llegar a ser rotunda, un pequeño riachuelo que poco a poco va ensanchando su cauce de palabras hasta conseguir contagiar al oyente un no sé qué extraño, una sintonía débil pero que se solidifica a medida que uno le escucha. El único chileno en Blanes, Chile era yo, decía, un extranjero en cualquier lugar del mundo que en el golpe del 73 en su país, visitaba librerías solitarias donde los libreros eran fantasmas, estampaciones holográficas en medio de estanterías repletas.


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