martes, 28 de abril de 2009

Luz de Agosto

Lena esperando, sentada a la orilla de la carretera, pensando, mientras una carreta se acerca despacio. A partir de ahí, entra su historia, "sus padres murieron cuando tenía doce años". Los pies descalzos en las tablas de la carreta. Los pensamientos constantes se introducen y afloran en la menta de Lena como RECUERDOS. La aldea a la que llegó Lena una vez que murieron sus padres, un desierto, imágenes de desolación: calcinados, humeaban, enmohecían, inculto, erial. El talento de Faulkner está en decir las cosas, sin decirlas:
"Lena dormía en una tejavana detrás de la casa. Allí sólo había una ventana, que ella aprendió a abrir y cerrar en la oscuridad, sin hacer ruido, (...), y apenas la hubo abierto doce veces cuando se dio cuenta de que habría sido mejor no abrirla nunca. Se dijo a sí misma: Cosas de mi mala suerte"
Por la misma ventana por la que entró el tipo que la preña es por la que huye Lena.
Es curioso como Faulkner se detiene en el ruido de la carreta cuando se acerca a Lena:
"La madera y el metal, faltos de grasas, corroídos por las intemperies, crujen y se bambolean, agudos y secos, lentamente, tremendamente; es una serie de detonaciones secas, indolentes, que se oyen a seiscientos metros en el cálido silencio, sosegado y balsámico, de este atardecer de agosto".
Sencillamente Genial.

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