miércoles, 11 de febrero de 2009

Chivo expiatorio

El chivo es el macho joven de la cabra. La expresión chivo expiatorio hunde sus raíces en la diégesis de la religión judía. Parte de un ritual antiquísimo que realizaba el pueblo de Israel. Esta ceremonia consistía en la elección de dos tiernos chivos. Uno de ellos era sacrificado y entregado en un altar a Yavhé. El otro, el chivo expiatorio, se entregaba a Azazel, a Belcebú, al príncipe de las tinieblas. Era metafóricamente cargado con todas las culpas del pueblo judío y se abandonaba en el desierto, previa lapidación...

Un guionista inglés, Peter Biddle, con el que tuve la suerte de compartir trabajo y horas de reflexión, decía que la figura del chivo expiatorio es básica para la salvación de la manada. Su sacrificio es el que asegura la supervivencia y el paso de una situación caótica a una situación de calma, paz y prosperidad. La dramaturgia toma sus trucos de la pura realidad, y con ella genera las herramientas que nos hacen verosímil una historia. Muchos guionistas utilizan este truco, el del chivo expiatorio y como una herramienta, un destornillador que ajusta las películas. Pero volvamos a la realidad, la fuente madre de la narrativa. En ella el chivo expiatorio tiene un papel fundamental, aunque nos pese, y se descubre en muchas situaciones, sobre todo en momentos como éste, en los que el caos económico o mejor, la crisis económica hace aflorar como hongos los posibles chivos expiatorios a lapidar.

Se ha hablado durante estos meses en distintos medios de comunicación sobre de las causas de esta crisis. La mayor parte de los analistas coinciden en los planteamientos generales y globales que provocan este ciclo de “crecimiento negativo”. Todo parte de las hipotecas subprime estadounidenses. Hipotecas que se otorgaron a sectores de la población que nunca habían accedido a esos privilegios, sabiendo que en esos sectores el impago generaba un altísimo riesgo y a la vez, una desorbitante rentabilidad.
El producto financiero que surge de las subprime americanas se ha renegociado hasta el límite en otros mercados de alto valor especulativo, con la premisa de ganar dinero pronto. Pero la primera previsión que otorgó esas altas rentabilidades, la que planteaba “vamos a darles hipotecas a estos que apenas van a poder pagarlas”, ¿para qué?, diría un financiero prudente, para rentabilizar ese producto por otro lado, por el alto nivel de riesgo que supone, hay liquidez, seguiría respondiendo y este hueco lo asume el mercado. Pero el mercado se atascó, y la mancha de aceite se ha extendido.
En el caso de España, esta causa es la célula madre. Lo que ocurre es que llega en un momento en el que la burbuja inmobiliaria ha estallado. Ya nadie duda de que las previsiones más optimistas acerca de la demanda de vivienda en España, se hicieron con una ligereza de salón muy peligrosa. Nadie duda de que los compromisos financieros y el endeudamiento empresarial del sector inmobiliario, no han ido muy en consonancia con la demanda de pisos. Eso ha hecho que ocurra algo impensable. Primero, que la vivienda ha empezado a dejar de ser el garante del patrimonio familiar y el bien que otorga con mayor facilidad un préstamo. Segundo, que ahora mismo no sabemos muy bien cuál es la demanda concreta de vivienda en España a medio plazo, imposible hacer previsiones. Y tercero, hay que sanear los créditos y pagar las deudas. Los bancos se agarran a este último supuesto. Se cerró el grifo. Pero antes de cerrar la llave de paso hay que buscar un chivo expiatorio.
Para que la historia tenga su buen punto climático y se restablezca el orden. ¿Y quién es el joven macho de la cabra?, ¿El sector inmobiliario?, ¿El conjunto de empresarios de otros muchos sectores que ahora se las ven y se las desean para conseguir financiación desde una posición de empresas solventes?, ¿el Estado?. Si seguimos la teoría narratológica: un chivo tiene que ser apaleado en el desierto y entregado a Belcebú. Lo correcto es que cada uno asumiera su culpa y observara en la célula madre el nicho de mercado aquel con otros ojos, para ver de una vez que en aquel nicho de excesiva rentabilidad llamado hipoteca subprime, dormía su sueño de siglos un escorpión que al azar va a escoger un chivo para picarle y salir de la crisis, siempre el más débil, por supuesto. Mientras el mundo desarrollado sanea sus deudas, el mundo pobre muere de hambre mucho más. Vergonzoso...

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